Aguilar Zinser Luz Emilia
Listado de plumas que han colaborado para FOMECU, o ya bien, han sido citadas en este espacio, de otras fuentes.
Aguilar Zinser Luz Emilia
- El ciudadano y el arte-
México atraviesa por un proceso crítico. La conquista de un sistema electoral que da al voto ciudadano un poder mucho más efectivo del que tuvo nunca no basta para afirmar que vivimos en la democracia. Para que ésta sea auténtica y plena, es necesaria una modificación extensa y profunda de los mecanismos de participación en los demás campos de la vida colectiva. Una transformación de nuestras actitudes hacia la corresponsabilidad de gobernar. El sistema político manado de la Revolución mexicana, con su sexenal farsa electoral, aseguró durante décadas el funcionamiento de una estructura básica en los diferentes campos de nuestra vida colectiva.
El Estado mexicano del siglo XX se establece y consolida con el reconocimiento del valor esencial de la educación y el arte. El primer presidente de esa era con la talla de estadista, Álvaro Obregón, emprende, con el paradigmático José Vasconcelos, una cruzada cultural que da nuevo aliento y significados a las representaciones de nuestra identidad corno nación: busca con audaces estrategias hacer llegar a la mayoría, en los más recónditos lugares del campo y las ciudades, la herencia del saber de la humanidad, a través de los clásicos de la literatura, y apoya una gesta artística, con el movimiento muralista, que dejará eco para las siguientes décadas y proyectará una imagen reconocible y admirable de México ante el mundo. Los autoritarios gobiernos priistas supieron la importancia que han tenido el arte y la cultura para la fundación de conciencias nacionales y establecieron una notable infraestructura para su promoción, con un continuo flujo de recursos para que funcionara. Abundaron los servidores públicos devotos hacia la dignidad de su labor, personas de sólida cultura, algunos de ellos creadores de talla, que inventaron programas, estrategias de todo tipo para animar la creación artística. De José Vasconcelos a Jaime Torres Bodet, Carlos Chávez, José Gorostiza, Miguel Álvarez Acosta, Benito Coquet, Agustín Yánez, Jaime García Terrés, Víctor Flores Olea y Rafael Tovar y de Teresa vimos llegar a los puestos para promover el bienestar social, la educación y el arte a personas calificadas y abundaron momentos de brillantez. Sin embargo, una característica de esa forma de gobernar fue la negociación de los apoyos en el trato individual entre creadores y funcionarios, por dedazo, bajo un sistema que favoreció la seducción de disidencias y caciquismo en la asignación de beneficios y reconocimientos. No fueron tiempos propicios para una conciencia de grupo por parte de las comunidades artísticas, para pugnar por condiciones justas y viables para su actividad. Se peleó por el beneficio personal.
En el avance de los años vimos una sucesión de programas y estrategias, pero hemos de reconocer que no se constituyó una sólida política cultural de Estado que permaneciera más allá de los vaivenes y caprichos sexenales. Quedó pendiente la correspondencia en los niveles necesarios de gobierno, de un sistema que potenciara una educación capaz de garantizar a las mayorías el disfrute del arte, la constitución de un país de lectores, de espectadores críticos. ¿ Pero cuál es la importancia del arte?, ¿por qué debe ser subsidiada su existencia? El arte nos descubre la integridad de nuestra percepción, las inagotables posibilidades de sentir del ser humano. A través del arte formulamos las más trascendentes preguntas sobre el sentido de nuestra existencia, ampliamos nuestras fronteras de realidad. Es un medio privilegiado para transmitir la herencia de saber de nuestra especie. En el arte la sociedad indaga su porqué, su para qué, se representa, integra y reinventa. Dice Ernst Fischer en su estupendo libro La necesidad del arte, que para cada sociedad las artes cobran una función específica. Un reto central para nuestra sociedad es la construcción de una auténtica conviv - ncia democrática.
Si la democracia esta basada en el libre ejercicio de elegir, presupone entonces, como condición de posibilidad, ciudadanos con criterio, capaces de diferenciar sus alternativas: el arte es el espacio privilegiado de la tridimensionalidad, de la lucidez, de la crítica. ~ Un sistema efectivo para la creación artística no puede existir sin subsidio. La lógica del mercado asfixia todo proceso de experimentación que no refleje ganancias inmediatas. Se piensa que destinar recursos al arte es subsidiar a los artistas. Si observamos el fenómeno, los artistas son los que han subsidiado esta vital actividad con su trabajo mal pagado. El subsidio al arte redunda en otorgar a la ciudadanía un legítimo derecho. Nuestro sistema electoral trae consigo la posibilidad de que personas sin preparación, proclives a irresponsables extravagancias, sólo por su capacidad para encantar a un mayoritario número de votantes, nos gobiernen, como pudimos ver en el sexenio de Vicente Fax. La legitimidad que pueden alcanzar con el voto burócratas sin conciencia, pone en riesgo la creación artística al colocada al final de las prioridades y anima aberrantes concepciones sobre su función. ¿Cómo explicarnos que con enorme oposición, con la negativa incluso del Congreso a destinar recursos para ello, se haya construido el cascarón de la ignominia que es hoy la Biblioteca Vasconcelos? Ahí se destinaron, según se ha dicho públicamente, cuando menos mil 500 millones de pesos. Al visitar la biblioteca duele que un edificio tan espectacular luzca vacío, habitado por pocos títulos y muchos volúmenes -cada título está representado por diez ejemplares-, en una colección abundante en producción chatarra, textos de autoayuda y desechables reflexiones de coyuntura, reunidos bajo el imperativo de llenar los interminables estantes para la precipitada inauguración. Duele esta megaobra ante la miseria de las bibliotecas de barrio, la falta de digitalización de la mayor parte de nuestros acervos para ponerlos de verdad al alcance de todos, ante la pobreza de exposiciones temporales en los museos públicos. Duele y preocupa cuando pensamos que una puesta en escena en provincia, realizada por personas que dan su vida al teatro, se hace con dos, tres mil pesos. Indigna ante el insistente "no hay dinero" que recorre las oficinas de gobierno dedicadas a la cultura artística. '11 La biblioteca constituye una metáfora de la idea que tuvo esta administración acerca de la cultura, una idea estática, reducida a una función de bodegueros y proclive a una grotesca autoexaltación, en detrimento de procesos vivos, dinámicos, de arte en el país. Un mausoleo más propio de las presencias imperiales de otrora, que de una sociedad democrática, con ciudadanos dotados de conciencia estética. y en el gobierno capitalino la cosa no fue mejor. Lo que destacó en la administración fue la idea de que los artistas no cobran y que dar cultura al pueblo es brindar masivas experiencias populistas huérfanas de toda relevancia estética. Del gobierno federal nos queda la biblioteca, un cascarón, con el que se podrá reinventar algún provecho. ¿Qué nos heredó el gobierno de la ciudad en materia de cultura? Desde nuestra función de ciudadanos tenemos que exigir que las instituciones dedicadas a la cultura cuenten con el presupuesto suficiente para funcionar y que los recursos se destinen a planes y programas esenciales. Tendría que articularse una política más compleja y racional, que contemplara, además de acciones concertadas con la Secretaría de Educación Pública, un consenso pleno con la Secretaría de Hacienda y o~as entidades de gobierno, para facilitar formas de participacion de los empresarios y la sociedad civil en el soporte de esta actividad vital. Una correlación, legislada adecuadamente, con las instituciones de seguridad social y del trabajo, para que los artistas sean reconocidos en su labor y remunerados con justicia. Una política cultural responsable tendría que estar trabajando en forma intensa para contrarrestar la avalancha de idiotez, de confusión que nos tiene anegados. Al estar marginadas del conocimiento las personas quedamos inermes para distinguir dónde está lo que nos construye y lo que nos desintegra, quedamos indefensos ante los implacables mecanismos de humillación y marginación. En una sociedad en la que reina como supremo valor el éxito comercial, los medios masivos de comunicación son negocios que publican lo que vende, sin importar qué clase de sociedad están colaborando a construir. En este marco, la responsabilidad de los artistas ahora, en México, es comprometerse a ver la realidad con apertura, profundidad, en la perspectiva de nuestra historia. Es imprescindible la participación del Estado en los procesos de enriquecimiento cultural. Pero tenemos que empezar a reconocer, a asumir que es una responsabilidad compartida con la sociedad. La democracia es una cultura, una forma integral de relación que implica la presencia de ciudadanos críticos y participativos. Ante los riesgos que amenazan a lo que ya se ha construido, tenemos que crear los muros de contención para que la inconciencia que puede acompañar a cualquier grupo que llegue al poder en tiempos venideros no arrase con aquello que nos es vital.
luz emilia aguilar zinser
textos publicados en nexos
año 28 vol. xxviii num. 345
septiembre 2006




