Entrevista con Silvia de la Cueva

Julio Briseño explica su proceder en la OFCM

“Lo peor que el artista puede hacer es practicar la sumisión”: Julio Briseño
Ángel Vargas

Señalado por las autoridades como factor de desunión en la OFCM
–inclusive mantiene un proceso legal contra la Secretaría de Cultura
luego de ser despedido–, sostiene el trombonista Julio Briseño: “Lo peor
que el artista puede hacer es practicar la sumisión. Quien lo hace es
una vergüenza para el arte”.

Principal de su sección durante años, el atrilista explica que su
proceder tiene que ver con su convicción de que “el artista debe tener
un compromiso social y ser combativo”, algo que, a su parecer, muchos
han olvidado u omiten.

Enfatiza: “Me disgusta cuando alguien usa el calificativo de grillo para
un músico que manifiesta sus posiciones. Ese apelativo no tiene razón de
ser porque, entonces, tendríamos que llamar así a los grandes de la
historia, como Beethoven, quien también manifestaba sus ideas y sus
necesidades; era un rebelde, lo mismo que Shostakovich, quien no se
quedó callado ante los atropellos de los que fue objeto; qué decir de
Silvestre Revueltas, alguien tan grillo que tomó el fusil y combatió en
la Guerra Civil española”.

–¿Cómo observa a la OFCM hoy día?

–Con el desmantelamiento de la comisión artística mixta, hace justo un
año, la orquesta perdió toda esperanza –por el momento, por lo menos– de
tener alguna participación.

“Eso me parece muy grave y lamentable, porque representa un retroceso
respecto de lo que ocurre en el mundo. Aquí se ha cambiado la democracia
por la imposición y se ha cancelado la participación comunitaria en vías
de una postura dictatorial.

“En lo demás, prevalece una contaminación en las relaciones humanas,
además de muchos pendientes en varios terrenos, incluido lo laboral.”

–¿Cuál es el principal punto negativo que rige la dinámica de la orquesta?

–Que los músicos no puedan ponerse de acuerdo por un interés común. En
todo este conflicto, en meses recientes lo que ha prevalecido es el
interés particular. Por eso estamos como ahora.

“De la relación con las autoridades, es la falta de las reglas del
juego: una normatividad. La filarmónica ha deambulado toda su historia
por una serie de prácticas improvisadas. No hay reglas, no las ha
habido, y lo poco que ha existido no se ha respetado.”

–Ser despedido de la orquesta, ¿lo coloca como víctima de conciencia?

–No me arrepiento de nada de lo que he dicho y hecho; he tratado de ser
congruente. ¿Soy víctima?, sí, pero de una campaña feroz de
desprestigio. Mis detractores no advierten que están agrediendo a un ser
humano. La pérdida temporal de mi empleo me afecta mucho como a los que
dependen de mí.

“Eso no interesa a los demás, es asunto mío, por supuesto; pero la saña
y la violencia con la que han actuado solamente indica tremenda falta de
sensibilidad e inteligencia ante una problemática contextual que debería
ser atendida. Me agreden, por diversos medios, con una serie de
mentiras. Quieren destruirme como artista, como profesional de la música
y como persona."