Informe Cultura Parte II
Para el gobierno federal es un logro el incremento en la afluencia a
museos, monumentos históricos y zonas arqueológicas. La cifra, según
los cálculos oficiales podría llegar a 17 millones de personas hasta
agosto de 2008. Por sí mismo el número no dice nada. Sobre todo cuando
los museos de calidad se concentran en el Distrito Federal y las zonas
arqueológicas son visitadas por razones turísticas más que culturales.
A este propósito se presume la publicación de la agenda de turismo
cultural 2008. Un instrumento que si bien es interesante, debería
también ser masivo para incrementar su impacto.
Se menciona la realización de 378,193 actividades de difusión
cultural, a las que asistieron casi 34 millones de personas. Si esto
fuera cierto, uno de cada de tres mexicanos tendría que haber ido a
alguna de estas actividades. ¿Será?
El INBA se cuelga la medalla por haber realizado más de 14,132
actividades y uno se pregunta ¿y? Son las actividades que producen en
conjunto en un solo mes Nueva York, París, Barcelona, Viena y Buenos
Aires. El tema es ¿formamos públicos que luego regresarán a escuchar,
ver, tocar, o llenamos calendarios a como dé lugar que luego se
traduzcan en voluminosas cifras que presumir?
En materia patrimonial se presume la restauración de más de 1,470
metros cuadrados de murales, la mayoría en el Distrito Federal. También
que a la fecha se han registrado 137,340 sitios, entre zonas
arqueológicas y monumentos históricos.
En fomento a la lectura resaltan las 43.8 millones de consultas
realizadas. Si Jalisco y específicamente, la ciudad de Guadalajara, que
presume de ser la ciudad más importante del país, fuera el parámetro
para medir la calidad de las bibliotecas que integran la red nacional,
tenemos qué preocuparnos. No quisiera imaginar cómo son y cómo están
las bibliotecas de algún municipio del sureste.
Es de aplaudirse que se mantenga el programa de formación de salas
de lectura. Según sus datos, son 6,220 espacios de esta naturaleza que
funcionan en el país. Este es un indicador positivo, ya que estos
espacios funcionan por medio de voluntarios. Un poco más de seis mil
despistados que ahí andan terqueando y contagiando a otros. Habrá que
esperar a que la Ley de Fomento a la Lectura y el Libro dé
resultados para tener una mejor valoración. Finalmente se muestran
avances de los festejos del bicentenario de la Independencia nacional.
Las conclusiones no son halagadoras. Las cifras presentadas no
borran la percepción de una política cultural ausente y desplazada de
la agenda nacional. Tampoco revierten el centralismo predominante. En
materia cultural, como en otras áreas de la gestión pública no se han
desmontado las prácticas de antaño, sobre todo en el campo de las becas
y estímulos a la creación. El programa cultural calderonista resulta
pobre y sus resultados demuestran esa pobreza. El informe presentado no
refleja la dimensión de un Estado, parece el de una municipalidad
cualquiera. Pero sin temor a equivocarme es de esperarse que las cosas
sigan así, con el discurso cultural como cortina de humo de la nula
política cultural.






