Posicionamiento del Dip. José Alfonso Suárez del Real y el Grupo Parlamentario del PRD sobre el Derecho a la Cultura
En esta sesión participamos de un acto fundacional. Si así se expresa la voluntad de esta Soberanía, la cultura en nuestro país obtendrá un fundamento constitucional. Si bien, es cierto que nuestro patrimonio cultural ha estado protegido y reservado entre los bienes de la Nación, bajo la tutela de sólidas instituciones, es importante considerar que muchos otros ámbitos de la cultura no han encontrado todavía un sustento constitucional. Es preocupante que nuevas vertientes de la creación cultural aún no tienen un marco jurídico propio, y que su construcción depende de contar con un cimiento constitucional.
Con esta Reforma habremos atendido recomendaciones de organismos internacionales, particularmente del Alto Comisionado de la ONU, que en el Diagnóstico sobre la situación de los derechos humanos en México en 2003 señalaba:
“De hecho, la Constitución no establece el principio general de acceso, participación y disfrute de los bienes y servicios culturales, las intervenciones en materia de cultura son aisladas entre sí y con las otras políticas públicas del Estado Mexicano, además de que no se prevé la participación sobre su usufructo, promoción, comercialización y repartición de beneficios.”
Si nos preguntamos, como lo hicieron los independentistas hace casi doscientos años, en qué consiste nuestra diferencia, nuestra identidad como mexicanos, podremos responder con ellos que es por nuestra riqueza y diversidad cultural. Dicha identidad tiene que emanar como decía Morelos de la buena ley. El México liberal cuenta entre sus prioridades políticas: el financiamiento de la Hacienda Pública y la identidad de la nación mexicana. Sin embargo, tal identidad de la emergente nación se constituye mediante el reconocimiento simbólico de los mexicanos con su pasado prehispánico y con las creaciones culturales de su presente criollo.
Nuestra diferencia cultural consiste también en nuestras aportaciones a la historia de la humanidad, nos distinguimos por nuestra diversidad cultural y nos identificamos en nuestra pertenencia a los más altos valores civilizatorios. De hecho, contamos con el privilegio de haber desarrollado nuestra diversidad cultural de la civilización mesoamericana, y que por tal motivo, como lo señala el sabio Miguel León Portilla, nuestra identidad esta cimentada no en las centurias con las que se mide la vida de las culturas, sino en los milenios desde donde se contemplan las civilizaciones. En el contexto global, las culturas como los mercados de valores, pueden colapsarse, e incluso desaparecer, pero no las civilizaciones, porque ellas establecen el universo simbólico del que se deduce la lógica y sentido del nuevo discurso de la humanidad. Este nuevo discurso consistirá como decía Heidegger en un regreso a la pureza de lo primigenio, para aprender las nuevas formas de pensar y crear, debemos recuperar la aurora del antaño en el porvenir de lo primigenio.
Si preguntamos como lo hicieron los mexicanos impulsores de la primera gran revolución del siglo XX, qué significa ser mexicano, encontramos la respuesta que nos otorgaron ellos: la cultura, misma que constituyó el pilar del contrato social de la modernidad nacional. Cuando menciono ellos, pienso en Samuel Ramos, Antonio Caso, José Vasconcelos; verbalizo la obra de Alfonso Reyes, José Revueltas, Octavio Paz, José Gorostiza, Manuel Maples Arce, Xavier Villaurrutia, Germán List Arzubide, Salvador Novo, Elena Garro, Rosario Castellanos, Jorge Cuesta, Renato Leduc; recupero las aportaciones de Salvador Toscano, Alfonso Caso, Artemio del Valle Arizpe, Manuel Toussaint; contemplo la creación de Diego Rivera, Rufino Tamayo, Manuel Rodríguez Lozano, el doctor Atl, Frida Kahlo, Fermín Revueltas, Leopoldo Méndez, Ramón Alva de la Canal; escucho la música de Julián Carrillo, Silvestre Revueltas, José Rolón, Carlos Chávez. Todos ellos combinaron su vida creativa con un profundo compromiso social, gracias al cual cimentaron el México contemporáneo instituido en el imaginario cultural.
Hoy podemos contemplar el horizonte de la historia desde hombros de gigantes, podemos proseguir la obra de grandes hombres como Manuel Gamio, Daniel Cosío Villegas, Gastón García Cantú y Guillermo Bonfil, hoy continuaremos las aportaciones de legisladores como Jaime Torre Bodet, fundador de la UNESCO y don Antonio Castro Leal y Andrés Henestrosa, redactores de la fracción XXV del artículo 73 constitucional, cuya aprobación dista en más de cuarenta años. En esta sesión puede también integrarse el rico legado que nos han dejado las legislaturas precedentes con las propuestas de legisladoras y legisladores de todos los partidos: mociono al diputado y senador Javier Corral, impulsor de la ley Federal de Cinematografía y del estímulo fiscal al cine; al diputado Carlos Payán con una propuesta que nos sirvió de punto de partida; a la diputada Carla Rochín, que definió un concepto federalista para la cultura; al diputado Inti Muñoz, que esclareció el sentido de participación y acceso social a través de la cultura; considero de suma importancia las aportaciones de la diputada y senadora María Rojo, tanto para las industrias culturales, en especial el cine, y su redacción del texto constitucional para la cultura de nuestro país, para todos ellos no nos queda sino una enorme deuda por su trabajo y dedicación a favor de la vida cultural de México. Estoy particularmente en deuda con los trabajadores y trabajadoras de la cultura, con los públicos y los creadores, en especial la obra de Víctor Hugo Rascón Banda y Alejandro Aura, a ellos se debe esta propuesta de Reforma Constitucional, misma que someto a la consideración de esta Soberanía.
Aunque no nos percatemos siempre, con nuestra labor parlamentaria respondemos a la pregunta de qué ha de ser la vida e identidad de todos los mexicanos. Determinamos cuál es el universo de los bienes de la Nación, establecemos las formas de participación a estos bienes, proponemos las condiciones y reglas de reparto de la riqueza, y también de su vida cultural. En una palabra, disponemos del marco jurídico desde el cual el país se ocupa de sí mismo. Sin embargo, si no nos importa saber la identidad de los mexicanos, ¿cómo podemos decirles a qué y cómo han de ocuparse de sí mismos?
El porvenir de la cultura a partir de esta Reforma Constitucional será construir las políticas culturales de Estado, la definición del órgano autónomo coordinador de la cultura, las políticas de descentralización del presupuestal, el combate a la oligarquía rapaz, el cambio de los anquilosados organismos burocráticos, en una eficiente red de servicios y de afirmación e ejercicio de los derechos culturales.
Es el momento de rectificar, no sólo es un instrumento eficaz en la recuperación de la seguridad pública que tanto anhelamos, sino que la cultura nos permite dotar de contenido al imaginario de los mexicanos; es factor de cohesión social, de la identidad con la que podemos establecer el nuevo contrato social. Es expresión también de un México con sensaciones e imágenes contrapuestas, todas ellas reales: es el México de los Muros de Agua y de La Región más transparente; es el de la Visión del Anáhuac y el de Las Tierras Flacas, es el del Llano en Llamas y el del Laberinto de la Soledad; es del de Palinuro de México y el de Las Batallas en el Desierto; el del Amor Perdido y el del Eterno femenino; el de La Nostalgia de la Muerte y el de los Andamios Interiores. Hoy 2 de octubre de 2008, podemos hacer nuestro uno de los lemas universales de este movimiento cultural y político: con la cultura, la imaginación al poder, nunca más la tentativa de la represión y la cancelación desde un poder sin imaginación.
Palacio Legislativo de San Lázaro, a 2 de octubre de 2008.






