Carecen los museos de guías de profesión
En países como Francia y España, ser guía de museo es una profesión reglamentada ante autoridades o ministerios de cultura. En México, en cambio, es una actividad que se desarrolla y administra según los intereses y capacidades de cada recinto.
Quines dan el servicio en algunos de los más importantes espacios públicos del DF carecen, en algunos casos, de remuneración económica, mientras que en otros no se les exige ser profesionistas o simplemente son guías , pero sin serlo. Es decir que sus obligaciones dentro de las instituciones son otras, pero igual se enlistan como voluntarios en salas.
Este último caso es el del Museo del Palacio de Bellas Artes, por ejemplo, dentro del cual no existe la figura de guía.
La planta que da las visitas proviene de las más diversas áreas sobre todo de Servicios Educativos, pero también de Relaciones Públicas, Curaduría, Control de Obra, Subdirección e, incluso, Dirección, pues Roxana Velásquez, su titular, también ofrece recorridos.
“Aquí no existe el puesto de guía. En general, todo el museo, o gran parte de su personal, está capacitado para dar visitas”, asegura Deirdre Guevara, del Departamento de Relaciones Públicas.
En coincidencia con Jeri Lyn Holley, de Servicios Educativos, sostiene que recurrir a voluntarios de diversas áreas no obedece a “insuficiencias” de personal: “Siempre hemos funcionado así y ha sido enriquecedor entre las áreas”.
Tras una capacitación de dos meses –centrada en la historia del inmueble, sus murales y el contenido de las exposiciones en turno; esto a través de charlas con los propios curadores o artistas-, alrededor de 15 “reclutados” ofrecen recorridos en el Palacio de Mármol.
A veces, por su número, no cubren la demanda, reconoce Holley, pero siempre es posible recurrir a expositores externos. Además, se apoyan en un programa de audioguías.
Caso contrario es el del Antiguo Colegio de San Ildefonso, donde guías nunca faltan. Aproximadamente 70 personas ofrecen el servicio, aunque todas sin remuneración económica.
“La única retribución es la oportunidad de aprender”, dice Jonathan Chávez, del Programa de Voluntariado y Servicios al Público. Si por él fuera, asegura, remuneraría sus servicios, pero la situación de los museos públicos no lo permite.
En San Ildefonso , como sí Bellas Artes, Museo Nacional de Antropología y recintos privados como el Soumaya, ser profesionista no es requisito.
“Todos son jubilados, amas de casa o estudiantes de todos los niveles, preparatoria o universidad. A nivel humano, es un grupo muy heterogéneo”, precisa Chávez.
Sus voluntarios son capacitados cinco meses; se les adentra en la historia del inmueble, su acervo y en exposiciones temporales, a través de su guión curatorial y su contexto histórico y plástico.
“Tratamos de dar una capacitación completa en todos los sentidos . Lo que buscamos es crear un perfil de docente”.










